domingo, diciembre 11, 2011
Dicen
Dicen
Dicen que de noche, cuando falta el sueño
lo que fue cordura todo el día
torna al mundo confuso,
la perspectiva cambia desde todo punto
y hasta el ser se conciencia de sí mismo.
De noche la piel se sensibiliza,
el cabello, los ojos... ¡Y los labios!
Cuando ya el sueño falta,
se siente igualmente el hueco que dejara
el beso que no se entregó a tiempo,
el frío de la caricia que no fue,
el vacío de un abrazo perdido.
Dicen que el sueño falta de noche
cuanto más necesario se hace
el balance entre el consciente y la paz
negada al espíritu.
Escondida en las sombras se encuentra
la grieta que promete salida
y se busca con empeño, ansias...
Hasta que al fin las luces del alba
decidan entregarnos el sueño
despierte la cordura del día y la piel
se haga cargo del hueco del beso,
del mundo que confuso falta,
la caricia que cambia, el frío,
el necesario abrazo...
¡La conciencia de sí mismo!
©Rufina
lunes, diciembre 05, 2011
Llega sin remedio
Como destello rápido
que no logras definir,
que no es fuego, ni es el aire...
Que de repente ilumina,
pero que te deja a ciegas,
como una saeta, cual fusta
que no te llega de cerca
pero te enfría la piel.
Una angustiosa movida
que te altera los adentros,
como un roce imperceptible,
un aliento que resuella
tibieza sobre tu nuca,
que provoca escalofríos
sin que entiendas las razones.
Sin ser luz sientes su brillo,
te alaga, pero te asusta...
Le reconoces tu vida,
pero así mismo le dejas
como si no fueras libre,
no pudieras respirar
o desearas irte lejos
para encontrarle sentido
a esa ansiedad de querer
escapar a ningún lugar,
ni estar muerto, ni estar vivo.
Como una ráfaga fuerte
te tira de los cabellos
de repente te suelta...
Sin miedo a que te ilumine
le permites las caricias
que mezclan agua con fuego
y con el frío suspiros,
la ceguera con razones,
y el aliento con la piel.
pero así mismo le dejas
como si no fueras libre,
no pudieras respirar
o desearas irte lejos
para encontrarle sentido
a esa ansiedad de querer
escapar a ningún lugar,
ni estar muerto, ni estar vivo.
Como una ráfaga fuerte
te tira de los cabellos
de repente te suelta...
Sin miedo a que te ilumine
le permites las caricias
que mezclan agua con fuego
y con el frío suspiros,
la ceguera con razones,
y el aliento con la piel.
Rufina
miércoles, noviembre 30, 2011
Ilusorios I
Ya sé que aún llegando al sol
no podré ser tu luz, ni siquiera
pretender parecerme a tu sombra...
De cerca no habrá calor
ni desharé las heladas
de tu proyectada imagen.
No alumbraré tus caminos
ni lucharé con gigantes
dormidos en tus tormentos,
no acariciaré los sueños
que alguna vez compartimos,
ni publicaré los poemas
que por ser de tí te nombran
despertando la conciencia.
De mi voz hoy apagada
no escucharás la armonía
que describía tus ojos,
y si soñara despierta
que me abrazas apretado,
despertaría confiada
pues no se repite un antes
aunque lo pida el amor.
No podré ser ya tu luz
aunque tenga al sol conmigo,
aunque mi alma te reclame
y mi llanto moje tu alma
con el vaho de los besos...
Aún llegue un nuevo día
y nos junten coincidencias.
©Rufina
no podré ser tu luz, ni siquiera
pretender parecerme a tu sombra...
De cerca no habrá calor
ni desharé las heladas
de tu proyectada imagen.
No alumbraré tus caminos
ni lucharé con gigantes
dormidos en tus tormentos,
no acariciaré los sueños
que alguna vez compartimos,
ni publicaré los poemas
que por ser de tí te nombran
despertando la conciencia.
De mi voz hoy apagada
no escucharás la armonía
que describía tus ojos,
y si soñara despierta
que me abrazas apretado,
despertaría confiada
pues no se repite un antes
aunque lo pida el amor.
No podré ser ya tu luz
aunque tenga al sol conmigo,
aunque mi alma te reclame
y mi llanto moje tu alma
con el vaho de los besos...
Aún llegue un nuevo día
y nos junten coincidencias.
©Rufina
sábado, noviembre 26, 2011
Engaños I
Para quien crea que el Arte es idea
que desconoce olvidos,
será amargo saber: es mentira.
Una vez la creación se oxigena,
no hay forma de evitar que cual fruta
madura se oxide y deteriore.
El proceso natural sería podrirse,
pero su composición
es tan perfecta, que desintegra.
La confusión se manifiesta
La confusión se manifiesta
entre sugestivos vocablos
con definitiva semejanza implicada.
Cuando el ente creador tiene nombre,
el producto podría no tener
ni las alas que impulsen al vuelo.
Y crecer le sería imposible
ante otro de su orden en diferente tiempo,
con la excelsa presencia del alma.
Cuando el ente creador tiene nombre,
el producto podría no tener
ni las alas que impulsen al vuelo.
Y crecer le sería imposible
ante otro de su orden en diferente tiempo,
con la excelsa presencia del alma.
Es el Arte perfección pretendida,
estupendas pericias que al ojo se estiman
insuperables, y al alma... ¡Incompletas!
©Rufina
estupendas pericias que al ojo se estiman
insuperables, y al alma... ¡Incompletas!
©Rufina
miércoles, noviembre 23, 2011
A la vista
Inmutable, esperaba que dejara de ser sorpresa
el forzado nuevo orden de cosas que evadían
cuando se juntaban los despojos de la guerra
que provocaron la avaricia y la ignorancia.
Los gritos de: ¡Por favor! ¡No mueran todavía!
¡Las puertas están abiertas y ésta es su casa!
Retumban tan fuerte hoy como lo hicieron antes
aunque ya nadie se sorprenda al escucharles.
Retumban tan fuerte hoy como lo hicieron antes
aunque ya nadie se sorprenda al escucharles.
No era necesario que caminaran en puntillas
para que nadie supiera, si sus pezuñas partían
la tierra de los caminos, y lo que quedaba cerca
no pudo sostenerse en pie. Todos lloramos con ellos;
cuando se desgarraban las carnes de pies pequeños
con corazones grandes, las manos clamaban al cielo,
los ojos hinchados lloraban olvidos, preguntaban...
¿Para qué nos quieren vivos? ¡Déjennos morir!
Nadie tuvo una respuesta y quien la tuviera
no la daría porque la ira es más pesada que el llanto,
porque las puertas abiertas ya no dan la bienvenida,
porque la avaricia del nuevo orden no se abre a sorpresas
y la muerte no se detiene porque queramos.
Cuando fragmentaron caminos nadie les recordó,
y para eliminar recuerdos nadie escucha.
para que nadie supiera, si sus pezuñas partían
la tierra de los caminos, y lo que quedaba cerca
no pudo sostenerse en pie. Todos lloramos con ellos;
cuando se desgarraban las carnes de pies pequeños
con corazones grandes, las manos clamaban al cielo,
los ojos hinchados lloraban olvidos, preguntaban...
¿Para qué nos quieren vivos? ¡Déjennos morir!
Nadie tuvo una respuesta y quien la tuviera
no la daría porque la ira es más pesada que el llanto,
porque las puertas abiertas ya no dan la bienvenida,
porque la avaricia del nuevo orden no se abre a sorpresas
y la muerte no se detiene porque queramos.
Cuando fragmentaron caminos nadie les recordó,
y para eliminar recuerdos nadie escucha.
¡La muerte no ha de llegar por no quererla!
©Rufina
©Rufina
jueves, noviembre 17, 2011
Hoy
Volvieron a posarse mariposas en mi pecho
y una ráfaga de viento acarició mi rostro.
Olía a piel tostada, a lavanda, a romero, a miel,
a aquél aroma imaginado que adormecía
cuando tu sinuosa voz recitaba ilusiones
y al filo de las urgencias me hacías el amor.
¡Qué locura hermosa aquella llena de lágrimas!
Fueron demasiado dolorosas las renuncias:
casi hasta que el horizonte dejó de ser,
en el ocaso se deshicieron los luceros
y mi norte se hizo humo, lleno de esperas,
donde ni la palabra tuvo sentido.
Hoy, regresas con el viento en su andanza,
recogiendo arenas de la orilla de tu playa,
y en la punta encabritada de una ola,
adornado de corales y de algas,
un hipocampo de oro enamorado, encontró
algunos sueños olvidados, el reflejo
de unos labios con el nunca de tus besos
y un poema de amor que ya es tan largo,
que se duerme sobre el mar, de costa a costa.
Volvió tu suave risa a enamorarme
y en el viento ha dejado otra caricia,
como cuando soñábamos tenernos
a través de el espacio fragmentado.
Hoy, conservo mariposas en el pecho,
en el recuerdo tu voz viva continúa,
y aunque me abrazo al silencio en la locura,
no abandono tampoco la esperanza
de conocer de tu amor toda delicia.
©Rufina
y una ráfaga de viento acarició mi rostro.
Olía a piel tostada, a lavanda, a romero, a miel,
a aquél aroma imaginado que adormecía
cuando tu sinuosa voz recitaba ilusiones
y al filo de las urgencias me hacías el amor.
¡Qué locura hermosa aquella llena de lágrimas!
Fueron demasiado dolorosas las renuncias:
casi hasta que el horizonte dejó de ser,
en el ocaso se deshicieron los luceros
y mi norte se hizo humo, lleno de esperas,
donde ni la palabra tuvo sentido.
Hoy, regresas con el viento en su andanza,
recogiendo arenas de la orilla de tu playa,
y en la punta encabritada de una ola,
adornado de corales y de algas,
un hipocampo de oro enamorado, encontró
algunos sueños olvidados, el reflejo
de unos labios con el nunca de tus besos
y un poema de amor que ya es tan largo,
que se duerme sobre el mar, de costa a costa.
Volvió tu suave risa a enamorarme
y en el viento ha dejado otra caricia,
como cuando soñábamos tenernos
a través de el espacio fragmentado.
Hoy, conservo mariposas en el pecho,
en el recuerdo tu voz viva continúa,
y aunque me abrazo al silencio en la locura,
no abandono tampoco la esperanza
de conocer de tu amor toda delicia.
©Rufina
lunes, noviembre 14, 2011
Entonces
No imaginaba posible
que llegaran las estrellas
a derramarse cual lluvia,
ni su fuego incandescente
de contornos dilatados
a arder en tierra fecunda
destruyendo los retoños
por buscar lo inaudito.
Ya había visitado
el escabroso trayecto
que iba hasta las guaridas
donde luego de copular
grandes serpientes ocultan
el desechado pellejo...
Y jamás intentaría
ni llegarle muy de cerca
a la orilla de la fuente
que alimentaba las aves
para crueles, engullirlas.
La justificación
siempre pendiente y ausente,
no iba a estar en su sitio,
y detenerse en la espera
no iba a mover las estrellas.
Entonces aplazar esa
lluvia sería un inútil:
no vestirán las serpientes
la piel antes desechada,
ni habrá fuego vertido
que la lluvia no apacigue.
©Rufina
que llegaran las estrellas
a derramarse cual lluvia,
ni su fuego incandescente
de contornos dilatados
a arder en tierra fecunda
destruyendo los retoños
por buscar lo inaudito.
Ya había visitado
el escabroso trayecto
que iba hasta las guaridas
donde luego de copular
grandes serpientes ocultan
el desechado pellejo...
Y jamás intentaría
ni llegarle muy de cerca
a la orilla de la fuente
que alimentaba las aves
para crueles, engullirlas.
La justificación
siempre pendiente y ausente,
no iba a estar en su sitio,
y detenerse en la espera
no iba a mover las estrellas.
Entonces aplazar esa
lluvia sería un inútil:
no vestirán las serpientes
la piel antes desechada,
ni habrá fuego vertido
que la lluvia no apacigue.
©Rufina
jueves, noviembre 10, 2011
Mírame
Mírame amor, que tengo todos los colores
del alba en la piel para darte.
Deléitate en el reflejo tibio del sol
que brilla en mi sonrisa
sobre tus intranquilas aguas
y busca la húmeda frescura
de la brisa entre mis pechos.
No me sueñes perfecta, ni hermosa, ni tuya;
sólo acéptame plena, transparente, sencilla
y deshace las escolleras
que protegen mis costas.
¡Embísteme implacable!
Mírame amor, que las gotas de rocío
en mi cabello de viento
esperan que las bebas antes de evaporarse
y los prismas que reflejan
mañana no brillarán igual.
No imagines mis ojos, mis manos, mi cuerpo...
no quiero que duela el desencanto.
Mírame amor, internízame,
retenme, víveme...
haz tuyos mis sabores
liba el alimento-ambrosía de mis mieles.
Invade mis espacios, redescubre,
reconquista... ¡Inunda!
Edifica tu castillo en la cima más alta
y hurga en el abismo más profundo.
Después de hacer el amor,
bésame los ojos, las sienes
y déjame ser la dicha en tus espacios
viviendo la profundidad de tus misterios.
Mírame amor, porque cada mañana
soy nueva criatura en tí...
¡Enamorada!
©Rufina
del alba en la piel para darte.
Deléitate en el reflejo tibio del sol
que brilla en mi sonrisa
sobre tus intranquilas aguas
y busca la húmeda frescura
de la brisa entre mis pechos.
No me sueñes perfecta, ni hermosa, ni tuya;
sólo acéptame plena, transparente, sencilla
y deshace las escolleras
que protegen mis costas.
¡Embísteme implacable!
Mírame amor, que las gotas de rocío
en mi cabello de viento
esperan que las bebas antes de evaporarse
y los prismas que reflejan
mañana no brillarán igual.
No imagines mis ojos, mis manos, mi cuerpo...
no quiero que duela el desencanto.
Mírame amor, internízame,
retenme, víveme...
haz tuyos mis sabores
liba el alimento-ambrosía de mis mieles.
Invade mis espacios, redescubre,
reconquista... ¡Inunda!
Edifica tu castillo en la cima más alta
y hurga en el abismo más profundo.
Después de hacer el amor,
bésame los ojos, las sienes
y déjame ser la dicha en tus espacios
viviendo la profundidad de tus misterios.
Mírame amor, porque cada mañana
soy nueva criatura en tí...
¡Enamorada!
©Rufina
Juegos 2
Juegos 2
Te has colado,
sueño bajo la ropa.
Caricias,
aleteo nervioso de mariposas,
tu fuego
me diluye.
Calor de brisa
quema lentamente.
Tú, sueño...
me llenas,
deshaces,
vacías,
reconstruyes.
Te has colado,
brisa de amor que enamoras,
colmas,
desbordas.
Bajo la ropa caricias
de fuego,
desbordado sueño,
conmigo
te haces agua,
sin tí...
¡Me evaporo!
©Rufina
Lo dudo
Lo dudo
No tengo espacio para la muerte.
Entre las horas, me desespero
al filo ciego donde la curva
de las demoras mueve los sueños
y se levantan las tempestades
que ha milenios consumen esas
mil esperanzas llenas de miedo.
No quiero imágenes delatoras.
Cuando me entere estaré más lejos
y la conciencia ya inexistente
dará la espalda a las realidades
salvajes muestras de lo imposible.
No tengo espacio para la muerte
no hay visiones rudimentarias
de lo esperado ni lo perdido
desde ventanas siempre cerradas
como futuros desvencijados
por un martirio desconocido.
Orear los sueños sirve de poco
en los reflejos contra cristales
queda la mancha de los pecados
el techo frágil se da por roto
las flores lloran sangre podrida
las pestilencias arden las torres
de los castillos que dando vueltas
pierden la curva de las esperas
y la distancia se hace más larga
cuanto más corto se torna el tiempo.
No tengo imágenes de la muerte
que verifiquen esa existencia
tampoco habrá luego de ella
certeza alguna de haber vivido.
No quiero encuentros inesperados
no hago preguntas por el camino...
No estoy segura si ya he llegado.
©Rufina
No tengo espacio para la muerte.
Entre las horas, me desespero
al filo ciego donde la curva
de las demoras mueve los sueños
y se levantan las tempestades
que ha milenios consumen esas
mil esperanzas llenas de miedo.
No quiero imágenes delatoras.
Cuando me entere estaré más lejos
y la conciencia ya inexistente
dará la espalda a las realidades
salvajes muestras de lo imposible.
No tengo espacio para la muerte
no hay visiones rudimentarias
de lo esperado ni lo perdido
desde ventanas siempre cerradas
como futuros desvencijados
por un martirio desconocido.
Orear los sueños sirve de poco
en los reflejos contra cristales
queda la mancha de los pecados
el techo frágil se da por roto
las flores lloran sangre podrida
las pestilencias arden las torres
de los castillos que dando vueltas
pierden la curva de las esperas
y la distancia se hace más larga
cuanto más corto se torna el tiempo.
No tengo imágenes de la muerte
que verifiquen esa existencia
tampoco habrá luego de ella
certeza alguna de haber vivido.
No quiero encuentros inesperados
no hago preguntas por el camino...
No estoy segura si ya he llegado.
©Rufina
No hay regresos
Aquellas parpadeantes luces
besaban el horizonte
cada vez más lejos, suaves...
Una amarga despedida
sobre un ocaso de ruegos,
lágrimas de grises nubes,
naranjas en centro ardiente
como queriendo fundirse
con estrellas escondidas,
como aferrarse a la vida
cuando se espera la muerte.
Buscando lejos, allí...
un rostro que no se tiene,
los ojos abiertos, ciegos,
la nueva marca del tiempo,
las tristezas señaladas
en comisuras de labios
que quedaron sumergidas
en platónicas esperas
y no llegaron al beso.
Perdidas contra el ocaso,
húmedas por la llovizna
de lágrimas que se secan
tintineando agonizantes
y besando al horizonte
como el tiempo...
no regresan.
besaban el horizonte
cada vez más lejos, suaves...
Una amarga despedida
sobre un ocaso de ruegos,
lágrimas de grises nubes,
naranjas en centro ardiente
como queriendo fundirse
con estrellas escondidas,
como aferrarse a la vida
cuando se espera la muerte.
Buscando lejos, allí...
un rostro que no se tiene,
los ojos abiertos, ciegos,
la nueva marca del tiempo,
las tristezas señaladas
en comisuras de labios
que quedaron sumergidas
en platónicas esperas
y no llegaron al beso.
Perdidas contra el ocaso,
húmedas por la llovizna
de lágrimas que se secan
tintineando agonizantes
y besando al horizonte
como el tiempo...
no regresan.
©Rufina
Notas rosadas
Surge la urgencia.
Dedos que hurgan cuerdas sensibles
entre las capas tibias
mojadas
suaves encantos.
Guitarra tierna que se estremece
al tibio toque que la estimula
con la paciencia de los que saben.
¡Gimen las cuerdas!
¡Late madera!
Dulces acordes
que funden manos
sangre
sudores
hasta mezclarlos en las tibiezas
que abren camino a la locura.
Notas rosadas
ejecutadas con maestría,
logran el cenit
en los albores de madrugada
cuando las capas
tibias,
sensibles,
de hojas mojadas suplen urgencias
y en los sudores de la armonía...
¡Late madera!
Dedos que hurgan cuerdas sensibles
entre las capas tibias
mojadas
suaves encantos.
Guitarra tierna que se estremece
al tibio toque que la estimula
con la paciencia de los que saben.
¡Gimen las cuerdas!
¡Late madera!
Dulces acordes
que funden manos
sangre
sudores
hasta mezclarlos en las tibiezas
que abren camino a la locura.
Notas rosadas
ejecutadas con maestría,
logran el cenit
en los albores de madrugada
cuando las capas
tibias,
sensibles,
de hojas mojadas suplen urgencias
y en los sudores de la armonía...
¡Late madera!
©Rufina
Danza y latidos
Danza y latidos
Comienzo calmado...
tanteando, calentando ambiente,
las manos se mueven constantes, graciosas,
de músculo y sangre se disfruta ritmo,
las manos se mueven constantes, graciosas,
de músculo y sangre se disfruta ritmo,
se anticipa clave.
Luego, el contoneo de un cuerpo
que presto responde y se entrega,
se mueve y se tuerce al compás de cuerdas...
sintiendo en las venas cada movimiento
sintiendo en las venas cada movimiento
en certero golpe de paso seguro
late fuertemente en las limpias sienes.
Erguida la frente se tensan las piernas,
se contraen, se aflojan
y siguen el ritmo que es como de fuego.
Por breves segundos casi se detienen,
Por breves segundos casi se detienen,
entonces... armonía hermosa
retoma con fuerza.
Pasión-plenitud que ardores externa.
El rítmico golpe se siente profundo,
conviértese en brazas de fuego que, intenso,
provoca sudores que agotan y llevan
al final glorioso... ¡faena perfecta!
En el pecho, un eco: desbocado potro.
La danza termina en temblores de gloria,
con músculo y sangre,
fatiga en el pecho y lo demás...
relajadas piernas.
©Rufina
Mi Descanso
Mi Descanso
Respiro en mis espacios necesario,
si el peso de la vida se convierte
en la carga que agobia con pesares
la paz que lucha sobrevivir la locura.
Tranquilidad de tardes en espera
a que suceda nada, viendo al cielo
que se goza mostrándose sereno,
recordándonos sagaz y vanidoso
que no podremos llegar hasta su altura.
Sopor que invita al sueño, al descanso,
provee de cansancio y pesadez.
Donde terminan siempre la batallas
en la total rendición de los ociosos.
Respiro en mis espacios necesario,
si el peso de la vida se convierte
en la carga que agobia con pesares
la paz que lucha sobrevivir la locura.
Tranquilidad de tardes en espera
a que suceda nada, viendo al cielo
que se goza mostrándose sereno,
recordándonos sagaz y vanidoso
que no podremos llegar hasta su altura.
Sopor que invita al sueño, al descanso,
provee de cansancio y pesadez.
Donde terminan siempre la batallas
en la total rendición de los ociosos.
Rufina
Inaudible
Amaneció y estabas
repitiendo sueños,
doliéndote inevitable,
llorando muertos de nadie.
Mientras de frente,
en ruidosa caravana
desfilan alegres,
celebrando que mueres,
bailando lo que no quieres
y cantando...
¡cantando!
A su mísera canción
te llaman, te convidan,
te tientan, te invitan...
callado, les complaces
reviviendo los años,
asumiendo el amor
como engaño,
llorando muertos de nadie.
Amaneció y allí sigues...
escuchando de otros
los cantos.
©Rufina
Y se sabe...
Que aquella lluvia se secaba
sobre el metal expuesto a resolana.
Agudos chirridos de madera
buscando acomodo, espacio,
se escuchaban cual agónico llanto
y la inhumana inercia le absorbía
al centro del concierto,
ignorando la llegada de mañana.
El sol no escapaba aún del todo
y sus marchitos rayos reflejados
sobre el espejo gris-agua,
parían mil duendes que, danzando,
celebran la fiesta de la huída.
Los ojos de las flores se cerraban
presintiendo en el cansancio sobresaltos,
resignadas al injusto desafuero
que convertido en ley se impuso
en inútil dormir viviendo menos.
Surgieron nuevos seres y, despacio,
la madera abandonó su llanto triste,
el espacio extendió bajo las nubes
y el cielo se llenó de sus luceros.
Los rayos se llevaron a los duendes,
el metal fue manchado por las gotas,
nueva música surgió de madrugada
y se sabe que... ¡se abrieron los ojos de las flores!
©Rufina
No dice nada
Entonces el amor no dice nada
de un compasivo ser que niega todo
ante la fuerza inmortal que le avasalla,
le posee, le domina y le da vida...
Y será igualmente insuficiente
dar gritos de agonía ante la luna
que contempla indiferente la marea
para no hacerse cargo de su suerte.
Es dolor mantenerse a flote en lodo
-una espera que nunca se termina-
y empezar desarmado una batalla
es tomar como un juego la pelea.
Entonces el amor no dice nada,
ni la promesa viva es aliciente...
sería cómodo dejar de lado todo,
si es que el tedio tornáramos fortuna,
renunciando al valor de ser valientes.
©Rufina
Tengo todo el tiempo
Hoy, tengo todo el tiempo.
Puedo hacer lo que quiera: irme a dormir temprano,
intentar leer un libro, (o tal vez terminarlo)...
organizar mi estudio o escribir un poema.
Puedo arreglar la casa, adornar una mesa,
planchar unos manteles y perfumar la cama.
Pero en lugar de eso, me detengo con calma
ante el ajado espejo que fuera mi amigo un día
y descubro una piel con poros dilatados
que yo no conocía, un escaso cabello,
verrugas incontables alrededor del cuello.
Las canas son muy pocas:
Las canas son muy pocas:
las tengo casi todas perdidas en las cejas...
Pero esos son mis ojos,
¡tan claros y sonrientes como lo fueron siempre!
Mis labios aún carnosos,
extrañan esos besos que alguna vez tuvieron
y sonríen recordando alguna travesura,
mostrándome unos dientes que orgullosa conservo.
Mi cuerpo ha cambiado al paso de los años,
dejando que el descuido le gane la partida.
Mis pechos han caído y el sobrepeso infame
ha construido llantas sobre la línea brava
que un día fue mi cintura.
La curva en las caderas, hasta hace poco suave,
no ha perdido la gracia del sensual movimiento,
pero sí alguna forma... ¡y eso sí que es muy grave!
Me río de mí misma al recordar mi empeño
Me río de mí misma al recordar mi empeño
de mantener mi vientre más plano de una loza,
porque me miro ahora y veo que fue inútil
tanto dolor y esfuerzo...
Pero parir exige de algunos sacrificios
y el amor pudo más que mi perfecto sueño.
Hoy, tengo todo el tiempo
para hacer muchas cosas,
pero me he decidido por sentirme contenta,
y hasta complacida con la forma en que luzco.
Ya no soy la belleza que era hace unos años,
además de las canas, este escaso cabello,
los lunares crecidos que circundan el cuello
y las libras atroces que hoy soporto de más...
Tengo una vida hermosa, vivida en mil maneras
Tengo una vida hermosa, vivida en mil maneras
con la sabiduría de malogradas batallas,
nunca una guerra perdida...
Con éstos, mis ojos, tan claros como honestos
y la misma sonrisa de los labios carnosos
que esperan por el beso.
Hoy no me falta nada.
Hoy tengo…
¡todo el tiempo!
©Rufina
Confesión
Si tu dolor no me hiriera,
perdería los caminos
que una vez se marcaran
entre infundados temores.
Buscando en viejos folios
dónde se indenta la tierra,
iniciaría la partida.
Si mi amor no te alcanzara,
negaría las razones
para merecer la vida,
y convocados los odios,
justo en medio de la guerra
-consagrados los rencores-
¡Moriría la poesía!
Si tu dolor no me hiriera.
Si mi amor no te alcanzara...
©Rufina
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